Comunidad Latinoamericana de Coaching

Liderazgo y ética

Cuando se habla de liderazgo, normalmente, se olvida la función de poder que conlleva y la responsabilidad que implica. En cuestión de liderazgo, es importante resaltar dos aspectos:

  • El ejercicio del liderazgo va intrínsecamente unido a la naturaleza del poder.
  • Es fundamental realizar un uso responsable y ético de este poder.

El propio concepto de liderazgo ha ido evolucionando con la sociedad. El coaching juega un papel fundamental en el uso responsable del poder, ya que redefine la manera de ver la responsabilidad, el aprendizaje y el liderazgo.

Según las nuevas tendencias, el poder se utiliza como una herramienta para fomentar la creatividad, la comunicación y el aprovechamiento de nuevas oportunidades que beneficien a todos. Se trata de impulsar y no de limitar. (Vilallonga, 2003).

Conseguir hacer coaching dentro de unos parámetros éticos es la clave del proceso para obtener el éxito. El coaching se basa en la confianza entre personas y, a veces, el coach se encuentra en una posición de líder y debe manejar el poder asociado con responsabilidad y cuidado.

Importancia de la ética en el liderazgo

  • La primera razón se justifica en que los líderes tienen que cortejar la buena voluntad de los empleados, para que éstos pongan sus talentos al servicio de los objetivos de la organización.
  • Esto no puede lograrse ejerciendo arbitrariamente el poder conferido por el puesto, o simplemente repartiendo premios y castigos. Los empleados deben hacer suyos la misión y los valores de la compañía y, por eso, deben ser tratados con respeto.
  • La segunda razón de por qué la ética es importante para desarrollar con éxito un liderazgo empresarial, es la influencia que la ética de un líder empresarial ejerce en la ética de los empleados. En otras palabras, el ejemplo que el líder proporcione a sus seguidores es fundamental.
  • La tercera, y última razón, se justifica en que, por una parte, en las sociedades postindustriales las personas ya no respetan a los demás simplemente por su cargo en el trabajo y, por otra, porque la sociedad en general rechaza el uso coercitivo o manipulador del poder. Por el contrario, acepta el poder ejercido con respeto y responsabilidad.
  • Los líderes tienen que ganarse la confianza y el respeto a través de sus acciones en la empresa y de su trato con los empleados.
  • Puesto que la habilidad de construir y mantener la confianza es central en el liderazgo, las escuelas de negocios necesitan emplear más tiempo en dar formación ética a sus estudiantes.

Referencias

  1. Vilallonga, Coaching Directivo: Desarrollando el liderazgo: fundamentos y práctica del coaching, Vilallonga, M (coord.): “Introducción y cualidades de un buen coach”, Editorial Ariel, Barcelona, (2003).

Ética y Deontología del coach

Como cualquier relación de ayuda que trate lo humano, el coaching necesita una reflexión ética e implica que el coach adopte reglas deontológicas muy claras, para proteger los intereses de sus clientes.

Teniendo como referencia los códigos deontológicos ya existentes en el campo médico y psicoterapéutico, sólo hace falta añadirles un cierto número de principios fundamentales. Esos principios son:

  • El respeto a los derechos, la libertad y los valores del cliente; prohibiendo cualquier abuso de influencia y dejándole tomar con libertad sus decisiones.
  • La competencia profesional basada en una formación teórica y práctica de calidad y que es objeto de continuos perfeccionamientos; por otra parte, el compromiso de mantener un marco de supervisión y control de su práctica por parte de un tercero cualificado.
  • El deber de informar al cliente si el coach reconoce que ha alcanzado sus límites o que la intervención supera su ámbito de competencias.
  • Responsabilidad por parte del coach para no transferir sus problemas personales al cliente, evitando así crear una falsa representación de cualidades, experiencias o competencias. El coach no debe implicarse en la relación más de lo necesario para el proceso de coaching, así se evitarán confusiones o conflictos más allá de los definidos en el marco contractual del coaching.
  • El respeto a una confidencialidad que prohíbe la comunicación de informaciones a un tercero sin el acuerdo del cliente.
  • En el caso frecuente del contrato tripartito, en el que el coach tiene dos clientes (la persona y la institución), hay que garantizar un mínimo de semejanza en los objetivos de ambas partes, para actuar en el sentido del interés del sistema en su conjunto y clarificar los modos de información (por ejemplo: rendimiento de cuentas del trabajo sólo al cliente, a la institución o a ambos con el acuerdo del primero).
  • Un deber de respeto y no interferencia del coach en los usos y prácticas de la sociedad cliente.
  • Una obligación moral para el coach de no aceptar o retirarse de la misión si el marco contractual o relacional impuesto no suscribe las reglas deontológicas que se hayan fijado, o se sitúan fuera del marco legal o reglamentario.